lunes, 7 de mayo de 2012

No somos más que meros ilusos...

Todos queremos que nuestros sueños se hagan realidad, todos deseamos que aquello que nos hace feliz se cumpla, pero eso no siempre ocurre, y a decir verdad, no ocurre nunca.

Las personas tienen sueños, metas que conseguir, objetivos por los que luchar, y eso es bueno ya que es lo que realmente hace que nos sintamos vivos... pero hay que ser realistas, no todo es posible, ya que hay sueños inalcanzables. Todos tenemos sueños que sabemos que nunca vamos a realizar, sueños que se nos quedan grandes, sueños imposibles, y lo mas triste es que son estos los que realmente nos hace felices... pero a pesar de todo, tenemos la vaga ilusión de creer en ellos, por que siempre hay luz, por muy pequeña que sea, que alumbra en lo más profundo de la oscuridad, siempre hay algo que te anima a seguir luchando cunado todo esta perdido, y eso lo causa aquel sentimiento que nos controla... la esperanza.

La esperanza es aquella voz interior que te dice que todo es posible, y te convence de ello. Aquella voz que juega contigo y mueve tus cuerdas como si fueras una marioneta, aquella que te ilusiona... y tu no puedes hacer nada al respecto, ya que te dejas guiar por ella.

Puede conseguir llevarte al cielo o al infierno, puede elevarte o hundirte, puede darte fuerzas o volverte vulnerable, puede convertirte en invencible o en invisible, puede entregarte la felicidad o sumergirte en la tristeza, puede hacerte reír o llorar, puede hacerte soñar o tener pesadillas... puede hacerte volar pero también estrellarte, por que la esperanza lo es todo y nada a la vez.

Es una lucha constante contigo mismo, mientras tu te intentas convencer que aquello que quieres no puedes conseguirlo para no sufrir más, ella te anima y te convence de que existe posibilidad, de que puedes conseguirlo y de que nada es imposible, hasta que chocas con la realidad y te das cuenta de que todo es mentira... y es verdad la esperanza es lo ultimo que se pierde, por que cuando no queda nada es a lo ultimo que se recurre, y eso nos convierte en unos meros ilusos.

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